VALDECANTOS, ANTONIO (1964)
Al igual que ocurre con las familias felices, puede que las tres historias, independientes en principio, de que se compone este libro se parezcan mucho entre sí, como acaso les ocurra, en definitiva, a la mayor parte de las narraciones, afortunadas o no. Quien crea que todos los relatos inventados por cabeza humana son el mismo estará tarado, aparentemente, para captar los pormenores de cada uno de ellos, pero el principal detalle que esconde cualquier narración es aquel, facilísimo de pasar por alto, en el que se descubre su semejanza con todos los demás. En la primera parte de estas páginas, dos hombres y una mujer emprenden una conversación en la que se habla de simulaciones y contrahechuras y alguno de ellos descubre cosas que debería haber sabido antes, mientras que al lector, por su parte, se le oculta hasta el final lo que allí ha estado más a la vista. En la segunda, el narrador expone las obsesiones que ha tenido a lo largo de toda su vida en relación con un extraño compañero de estudios al que algunos toman por un producto de la fantasía, aunque quizá esa condición les corresponda más bien a ellos.