Durante siglos, la negritud y España parecieron un oxímoron: dos nombres disociados, sin aparente relación. Esa percepción comenzó a resquebrajarse a finales del siglo pasado con la llegada .o la visibilización. de personas negras en distintos territorios del país. Muchas de ellas experimentaron, en sus primeros años, la extraña sensación de sentirse únicas en los lugares que habitaban: una exclusividad sin privilegio, atravesada por violencias sutiles .a veces evidentes. que se fueron normalizando y enquistando en sus vidas. Con el tiempo, sus hijos .los españoles negros, afrodescendientes. crecieron. Y un día decidieron alzar la voz frente a las dinámicas de exclusión de la nación que los vio nacer. Corrían vientos de cambio en España, y en toda Europa comenzaban a escucharse consignas que anunciaban una transformación: «Europa ya no es blanca». El lema se propagó rápidamente, atravesando discursos, activismos y producciones culturales. En ese clima, canciones como #EstadoEspañolNoTanBlanco, del músico Megane Mercuri, comenzaron a cuestionar la idea de una España homogénea y «blanca», señalando los relatos